martes 27 de diciembre de 2011

Sueños de final de año

Columna publicada en "El Heraldo" Diciembre 27 de 2011



Por: Ricardo Buitrago C. 

La cercanía del fin de un año y el comienzo de otro se constituyen, a mas de días de tranquilidad y descanso, en el momento de balances, perspectivas, propósitos y sueños que dejamos llegar cuando decidimos escuchar al silencio y nos adentramos, de su mano, al encuentro con nuestra mente y nuestra alma.
Es claro que hombre que no sueña está muerto, y como yo estoy vivo, y además amo a mi ciudad, decidí, hoy, en este espacio narrar la experiencia de fantasear la Barranquilla de mis sueños.
En medio del sopor, que una idealización requiere para poner a volar la imaginación, me situé así en el paraíso de una ciudad pujante, ordenada, dotada de amplias zonas verdes, con parques y avenidas llenas de frondosos y llamativos árboles, calles sin huecos y un tránsito organizado y diligente.
Soñé que las aceras de nuestra urbe, eran amplias y cómodas para el andar peatonal. Que se respetaba el espacio público y que, en el, no había invasión de vendedores ambulantes. Como por arte de magia, en mi trasegar imaginario, los centros de diversión, restaurantes, bares y discotecas, aparecieron ubicados en una zona rosa. Las áreas residenciales volvían, así, a ser consideradas como tales. Percibía en el delicioso sopor imaginativo una seguridad digna de la otrora ciudad pacifica por excelencia, en donde la armonía y el respeto entre congéneres primaba.
Alcance a vislumbrar un extraordinario Centro de Eventos y Convenciones, que en alianza público-privada, se erigía imponente por encima de un grupo de resentidos opositores que fracasaron, por fortuna, en su intento de bombardearlo.
De pronto el sueño empezó a sufrir trastornos que llevaban visos de convertirlo en pesadilla: sobre la ciudad pujante vi sentado a los resentidos, disfrazados de locos que, con el peso de sus inquinas, oprimían su desarrollo, desprestigiando estamentos sociales, y creando una desinstitucionalización que conducía a la anarquía, detrás de la cual se agazapan unos personajes que con oscuros intereses buscaban poder. Vi así al aeropuerto Cortissoz, borroso, desvencijado y asido por garras politiqueras.
Desperté entonces aterrado de que a pesar de haber roto la cadena de ineficiencias administrativas distritales, con un cuatrienio exitoso, la credibilidad y el optimismo en la ciudad siguen en un limbo y que haya quienes, con cierto respaldo mediático, aticen para crear pesimismo fabricando una peligrosa polarización y animadversión hacia una clase dirigente a la que se han obstinado en endilgar los males de la ciudad, solo sobre la base de conjeturas.
Barranquilla tiene tantas, y tan variadas, potencialidades para su desarrollo  que vislumbrar en un sueño un gran resurgir no debería extrañar a nadie. Por fortuna,  para nuestro propósito de ver convertida la idealización en realidad, y eliminar  pesadillas, la Dra. Elsa Noguera, quien a partir del primero de enero desempeñara la primera posición distrital, tiene el carácter y las condiciones para hacerlo y garantizar, de antemano, la continuación de una senda exitosa que abrió el actual mandatario.
Mis deseos de un feliz año, dicha, prosperidad y el sueño de que, de la mano de Elsa, nuestra ciudad “florezca para todos” convertida en un anticipo del cielo.

martes 13 de diciembre de 2011

En espacio público, quedo faltando el centavo para el peso

Columna publicada en "El Heraldo" Diciembre 13 de 2011


Por: Ricardo Buitrago C 
La administración que termina, no puede negarse, ha sido la más exitosa de los últimos tiempos. No obstante, hay que decirlo, a 19 días del cambio en el manejo distrital en materia de invasión del espacio público, salvo contadas excepciones como la recuperación de la Plaza de San Nicolás y el retiro de fritangas frente a San Andresito, en la ciudad parecería que no ha habido mayor variación. La impresión es que cada quien sigue haciendo lo que le viene en gana. En la recuperación del espacio público a la administración Char, le quedo faltando el centavo para el peso. 
No de otra forma se explica que Informaciones del diario el Heraldo de hace cuatro año tituladas: “La calle que se tragaron los comerciantes” y “El Paseo de Bolívar sigue en poder de los vendedores” sigan cobrando plena vigencia. 
Así es, en Barranquilla subsisten las anomalías de esas calles denunciadas por este diario, a principios del 2008 y reproducidas en articulo de este columnista por las mismas fechas, en las que todos los días el tráfico se interrumpe, por completo, debido a la invasión de comerciantes informales en la vía pública sin que haya autoridad que lo impida. Tampoco es un secreto que en el Paseo de Bolívar, los llamados manteros o comerciantes informales siguen campantes, no obstante que, en remodelación de administración pasada, se destinó un área para su re-ubicación. Y no es menos grave el que se siga diciendo que los invasores pagan una cuota económica diaria por su permanencia en el sector. Y eso, para no entrar en minuciosos detalles sobre las fritangas, ventas ambulantes y toda suerte de nuevos negocios, en espacios públicos, que no han dejado de seguir apareciendo en la ciudad.  
Es de todos sabido que esta caótica y frustrante situación es recibida de administraciones anteriores. También lo es que, corregirla, no es tarea grata y que tiene un enorme costo social y económico, pero igualmente es cierto que bajo esas premisas convertidas, inconscientemente, en sofismas, hemos asimilado la memorable frase del filósofo y pensador Gabriel Marcel cuando afirmó: “Cuando uno, no vive como piensa, acaba pensando cómo vive”. Y eso hemos estado haciendo, acomodándonos a vivir con el fantasma de una impotencia que disfraza nuestra negligencia, negándonos con ello a recuperar las libertades perdidas. 
Sí, porque la perdida de libertades que tanto les hemos enrostrado a los terroristas de las FARC, también la hemos sufrido en nuestra ciudad. La invasión del espacio público nos ha cercenado la libertad de movilidad y esparcimiento. 
Le tocó a Elsa, pues, el chicharrón de coger el toro por los cachos y aportar el centavito que le faltó a Alex para completar el peso sin más dilaciones, pues los consabidos planes y estudios sobre la problemática del espacio público la administración actual lo presenta como su avance en el tema.
No se puede, entonces, dejar en letra muerta lo avanzado, ni tampoco dilaciones en mas diagnósticos identificativos del tema y la problemática, sobre lo cual llevamos varios años. 
Esta columna, voy a romperla, porque sé que en el próximo cuatrienio no tendré que desempolvarla para seguir recabando sobre un tema que ya por lo repetitivo se torna fastidioso.