Columna publicada en "El Heraldo" Octubre 18 de 2011
Por: Ricardo Buitrago C
Mientras que decidamos utilizar razón, seriedad y sindéresis, y no pasión, para abordar la discusión sobre la necesidad de un aeropuerto regional y su ubicación, en un país que estimuló la competencia entre terminales al adoptar el sistema generalizado de concesiones, lo que el aeropuerto de Barranquilla necesita es que alguien, llámese Acsa o un nuevo concesionario, se ponga su camiseta.
Y… ponerse la camiseta es parcializarse en favor de unos intereses representados, en este caso, en la ciudad de Barranquilla.
Aerocivil, que en extraña y sospechosa decisión pretende asumir la operación del Cortissoz durante por lo menos dos años, dada la competencia entre aeropuertos de cierto rango, no puede, por improcedente e inequitativo, ponerse esa camiseta.
Una entidad que debe regular con equidad la aeronavegabilidad del país, con injerencia en la asignación de recursos y en la adjudicación de rutas y frecuencias, en aras de esa imparcialidad no debe tomar partido a favor de ninguna terminal.
No puede defender los intereses de Barranquilla quien pretende sacar una licitación integrando nuestro aeropuerto a terminales aéreas pequeñas como, por ejemplo¸ Ibagué, Neiva, Villavicencio, Pasto etc.. que serían subsidiadas por el Cortissoz.
Esa figura de “te doy carne pero con el hueso” podría ser válida desde el punto de vista de equidad nacional, pero para Barranquilla, inequitativa, inconveniente y desventajosa cuando al aeropuerto vecino, su competencia natural, se le prorroga la concesión sin subvencionar a nadie.
¿Por qué no integraron las terminales del corredor regional Cartagena-Barraquilla-Santa Marta, para así en el futuro definir la suerte y ubicación del hub que anhelamos?
Con la absurda decisión, estamos ante un engaña bobos que esconde irresponsabilidades, negligencias, intereses politiqueros y actitudes maniqueas que se vienen asentando en la ciudad y que han encontrado sonoro eco mediático.
Así, el jubilo que les produce el que le quiten la concesión a Acsa por estar en ella involucrados los gremios económicos de la ciudad a quienes con esa actitud han estigmatizado, los obnubila y no les dejan ver las entretelas de los acontecimientos. Ahí van algunas:
¿No es extraño que Aerocivil acoja un control de advertencia sobre un supuesto detrimento patrimonial, y no proceda en defensa de los intereses del Estado a repetir contra el concesionario? ¿Está prevaricando por omisión, o haciéndole el juego a otros propósitos, con un control de advertencia que sirve para no prorrogar pero no para cobrar?
¿No es negligencia, que debería investigar la Procuraduría, el que se venza una concesión y no se tengan los términos de referencia para abrir nueva licitación, y para elaborarlos se requiera tanto tiempo, cuando casi hay que copiarlos de licitaciones recientes?
¿No llama la atención que un senador, cuyo grupo político ha tenido injerencia burocrática en Aerocivil, sea uno de los intrigantes para que la concesión no se prorrogue y pase la administración del aeropuerto a manos estatales?
Es prerrogativa de Aerocivil no prorrogar, pero lo que no puede es atropellar a una ciudad con una sospechosa interinidad que afecte sus intereses. ¡Eso no se debe permitir!










