Columna publicada en "El Heraldo" Junio 28 de 2011
Por: Ricardo Buitrago C.
Ahora entiendo el porqué de nuestra apatía hacia la ciudad, la incultura que le profesamos, y el desapego por ella. Lo comprendí mejor cuando leí la columna de Cecilia López: “Como mosco en leche”. Caí en cuenta, entonces, que la identidad que nos caracterizaba se ha perdido a tal punto que la columnista equivocadamente piensa que asistir a un baile de gala con esmoquin tropical es un exabrupto.
Y no… despropósito es lo contrario: el que una sociedad pierda su naturaleza, costumbres y esencia, y deambule sin alma en pos de conductas foráneas por incapaz de acoger las propias. Es que ocultar su raigambre y no exhibirla con orgullo es no quererse a sí mismo y… si no nos queremos nosotros, ¿como vamos a querer la ciudad?
El hechizo del mar Caribe, que con su colorido y calidez moldeó nuestro carácter, nos hizo expresivos, abiertos, alegres y deliberantes. Hasta al color le ponemos sabor. Esa es nuestra identidad, que incluye vestimenta propia de nuestra cultura, clima e idiosincrasia, y que adoptó como traje de gala el elegante y vistoso esmoquin tropical, de generalizado uso, hasta que se nos dio por imitar interioranos con la utilización del negro.
Así, pues, que se equivocó la ex ministra, y prestigiosa columnista, cuando criticó y quiso hacer burla del Ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, porque asistió con esmoquin tropical a un evento social en la ciudad.
A donde fueres haz lo que vieres, dice el refrán; o por lo menos lo que crees que allí se ve, agrego yo; y así actuó el Ministro cuando vino al matrimonio del joven Carlos F Galán. El no sabía de nuestra pérdida de identidad, costumbres, y tradición, y pensó que, como había sido hábito ancestral, a las fiestas de gala se asistía con el atuendo que el clima y la personalidad habían adoptado en el pasado.
Error en la simbología utilizada y en la apreciación de las costumbres cometió la Dra. López cuando afirmó que Vargas Lleras quedó como mosco en leche. Quienes así lucían eran los que venían a nuestras fiestas con esmoquin negro y, cual oscuro insecto, resaltaban entre la blancura del atuendo tropical
Registros fotográficos de épocas pasadas muestran que en las fiestas elegantes la totalidad de los asistentes se engalanaban con el vistoso atuendo Caribe. En las memorias del Country Club, por ejemplo, aparece fotos del baile en honor del entonces presidente Roberto Urdaneta en la que todos los concurrentes, incluyendo al mandatario, entre quienes se distinguían Evaristo Sourdis, Luis Carlos Baena, Rafael Vásquez y Alfonso de Mares, vestían el majestuoso traje blanco.
Aunque pocos siguen esa costumbre: entre ellos Antonio Celia, sus hijos, Mario Sojo, Francisco Posada, Pepe Certain, J.M. Ruiseco, este columnista y otros que se me escapan, es equivocado afirmar que en las fiestas de gala en el Caribe colombiano “si no es con esmoquin negro es con guayabera de manga larga”. El primero no es costumbre vernácula, sino importada, y la segunda es Caribe, pero no guarda la majestuosidad para la gala. Vargas Lleras hizo honor a una tradición nuestra y nos dio ejemplo. Vamos a imitarlo recuperando identidad y con ella el esmoquin tropical. A la Dra. López, mi saludo y mi respeto.










