martes 19 de abril de 2011

Morbosidad, obscenidad, vulgaridad y ramplonería

Columna publicada en "El Heraldo" Abril 19 de 2011


Por: Ricardo Buitrago C

En una sociedad decadente, que construye consumidores, no seres humanos equilibrados y llenos de valores, no es extraño que la morbosidad, la ramplonería, la vulgaridad, el sensacionalismo y la obscenidad por vía mediática se conviertan en vehículos consumistas que ganan espacios a pasos agigantados, pues venden, y mucho, pero en igual grado destruyen e irrespetan.

Bajo esa premisa, a diario, numerosos programas se emiten por la radio y la televisión nacional y desastrosas publicaciones y revistas editan escritos perversos, acompañados de imágenes obscenas. ¡Son una vergüenza!

Ocurre también que el sensacionalismo mediático está llevando al paroxismo informativo hechos que, por efectistas, remplazan a otros de mayor fondo, pero menos espectacularidad. No se dan cuenta que cuando se ve a las claras actúan con premeditación y saña; hasta las verdades parecen mentiras.

Reconocidas revistas han recurrido a la superficialidad ramplona, y a la revelación de intimidades en aras de obtener ganancias con su venta. Y a fe que lo han conseguido. Ocupan primeros lugares en circulación, sin importar que sea a costa de la pérdida de moral y principios.

Así, la revista Soho ha resultado experta en el sensacionalismo que produce utilidades. En forma recurrente ha utilizado la desnudez como vehículo blasfemo de imágenes religiosas, ¡y ha vendido! Primero fue el remedo apócrifo del sagrado cuadro de la ultima cena con modelos desnudas. Luego Marbelle: tetas al aire, suplantó dos emblemáticas efigies de la religión católica: el Sagrado Corazón y el Divino Niño. Y ahora, so pretexto de una publicación de censura hacia acciones pederastas en la iglesia, bajo el titulo “Dejad que los niños vengan a mi”, publicó las fotos de infantes desnudos rodeados de sacerdotes.

Está claro que con su irreverencia y desmesura lo que el director de la revista, Daniel Samper Ospina, pretende es el sensacionalismo de su publicación amarillista. La ofensa a quienes tenemos creencias religiosas no le importa, por el contrario, es su objetivo: creada la controversia y producido el escándalo se induce el morbo que aumenta ventas. ¡Canalla forma de mercadeo!

En este desajuste y degradación de principios, la radio no ha sido la excepción. La chabacana vulgaridad y las insinuantes entrevistas y comentarios de locutores y oyentes revelando toda suerte de detalles sobre relaciones sexuales, infidelidades y acciones desviadas y truculentas se tornan ofensivas y atentatorias a la moral. A los productores poco les importa, el aumento de sintonía es su objetivo a cualquier costa.

El morbo siempre ha existido y la tentación a sucumbir a su llamado ha estado latente. Estando el ser humano ávido de él, venderlo no requiere esfuerzo ni talento. Es como ofrecer agua en el desierto. La habilidad para divulgarlo no es periodística. Consiste en disfrazarlo de programa o publicación atractiva para obtener un rating o una venta masiva. Por el contrario, lo sobrio y lo mesurado depende de la calidad y esfuerzo periodístico el que su propagación tenga éxito. Y calidad periodística, a esos medios, les está faltando.

martes 5 de abril de 2011

El Foro Caribe y la salida en falso de Armandito

Columna publicada en "El Heraldo" Abril 5 de 2011


Por: Ricardo Buitrago C

Si nuestro flamante presidente del Senado, Armando Benedetti, hubiera estado en el recinto del Teatro José Consuegra Higgins, donde se desarrolló el Foro Caribe Siglo XXI, promovido por este diario, cuando ese hombre emblemático de la personalidad y semblanza Caribe, Ramiro de La Espriella, al terminar la intervención con que se dio inicio al certamen pronunció esta memorable frase: “Este foro es la historia la que lo convoca y no un vano pretexto regional”, seguramente no se habría equivocado.

Armandito, como cariñosamente lo llamó Elvia Mejía, confundió el imponente recinto, en ese momento sagrado por la magnificencia del tema, con una plaza pública a donde vino a hacer política, queriendo matar al gobernador Verano para luego comer del muerto, fustigándolo por su actuación en la atención de la emergencia del sur del Atlántico.

No pudo ser más ilustrativo ese accionar para demostrar mi controversial tesis antropofágica, lanzada en columna anterior, sobre esa pérfida costumbre que asumimos a veces en el Caribe de devorarnos unos a otros. Puso Benedetti el colmillo en el lugar y cuello equivocado, porque la convocatoria, que en buena hora efectuó EL HERALDO, no se hizo para discutir la efectividad de un gobernante, sino para estudiar los aspectos atinentes a la aspiración regional de convertir a la Costa Caribe colombiana en un ente territorial.

Hay que decir que el Foro empezó como debía -lo de Benedetti fue en la tarde- partiendo de un pormenorizado y magistral análisis de los avatares de la historia colombiana narrados por De La Espriella, quien puso de presente como un manejo centralista y excluyente, ha creado a través del tiempo una brecha inconmensurable entre las condiciones de vida y desarrollo de esta Región, natural, que no inventada, con el interior del país.

Quedo claro, creo yo, que esos lucidos análisis históricos crean la conciencia de unidad regional, pero también que existe el riesgo queden en impulsos como los que materializaron el Voto Caribe, con la sensación de haber matado el tigre y luego temerle al cuero por ausencia de identidad frente a lo que pretendemos.

A algunos le asalta la incertidumbre y la pregunta: ¿la región para qué y para quién? Otros le temen al reto de afrontar los problemas de legitimidad y corrupción que tienen que ver con la fragilidad institucional, pero con razones de unos u otros, lo cierto es que la concentración del ingreso y el monopolio del control político son signos de una democracia excluyente y restringida que está golpeando a la Costa Caribe y que no puede continuar.

La lucha es larga, como acertadamente lo expreso el economista Jairo Parada, y el camino seguramente espinoso, agrego yo, porque con las intervenciones del presidente Santos (grabada), del Ministro del Interior y del Presidente del Senado, que más parecía portar camiseta gubernamental que la de la Región Caribe, queda también suficientemente confirmado que el Gobierno central camina en contravía de nuestras expectativas. Por fortuna, la convocatoria que EL HERALDO a través de Ernesto Mccausland nos hizo no fue para un día: el Foro sigue abierto.