Columna publicada en "El Heraldo" Enero 25 de 2011
Por: Ricardo Buitrago C.
La tragedia por la inundación de gran parte de la Costa Caribe invita, a más de la solidaridad, al buen juicio y análisis de la afectación a los diferentes actores maltrechos por el suceso. Allí están, en mayor proporción, los trabajadores del campo y, entre ellos, los productores de leche agrupados en cooperativas.
La desazón por la desgracia, el malestar por la precariedad económica, y la desesperanza, no puede permitirse se conviertan en caldo de cultivo para que de la desafortunada coyuntura saquen provecho organizaciones externas, en detrimento de la ganadería regional afectada.
Culebrero “de mala Leche” es el remoquete que por su deleznable conducta le cabe a Jenaro Pérez Gutiérrez, gerente de la cooperativa láctea paisa Colanta. Se agazapa tras pingüe paliativo a la economía familiar, sustentado en el menor precio a que ofrece su producto, y con ello pretende asestar duro golpe a la actividad lechera del Caribe colombiano perjudicada en producción y costos por la ruinosa inundación.
Cuando las cooperativas lecheras de la Región, obligadas por las circunstancias, aplicaron un aumento del precio de la leche como una necesaria alternativa de recuperación del sector afectado por el invierno y sus catastróficas consecuencias: ¡Bingo! debió exclamar Pérez. Más rápido que enseguida, apareció como redentor anunciando en tendencioso informe su disposición de suministrar el lácteo al público a precios inferiores al que las cooperativas locales decidieron venderlo.
Dejó por fuera, claro está, entretelas y subterfugios que rodearon su nefasto propósito, cuando ante la imposibilidad de la Región de autoabastecerse por la ostensible baja en su producción por la emergencia invernal, las cooperativas acudieron a fuentes externas para atender su mercado natural. Colanta fue una de ellas.
Pues bien, esa empresa le fijó a la leche cruda que empezó a suministrar un valor de $1.100.oo litro, precio excesivamente alto, y que al conjugarle procesamiento, pasteurización y los otros costos que intervienen en la cadena láctea, se convirtió en factor coadyuvante a la decisión de incrementar el precio.
No obstante, el paisa, malévolamente, con hábil charlatanería de culebrero, hace creer que hay un gran margen. Efectúa un perverso parangón con el precio de venta al público en la zona pero omitiendo, deliberadamente, que el suministro que él hace es de leche cruda.
Es desleal el que un suministrador de insumos (leche cruda) le coloque un alto valor y cuando como consecuencia de ello y de otros factores adversos el precio final se incremente, resuelva acaparar el mercado ofreciendo leche a un costo más bajo, inclusive al que el vende en su zona.
Ahora bien, no se crea que aquí la producción lechera, que con su “mala leche” –la de Jenaro con su actitud, que no la de Colanta- quiere arrasar, la soportan terratenientes. ¡No!, son en su mayoría minifundistas, cuando no parceleros, casi todos afectados por la inclemencia con que natura atropelló sus tierras. Solo en Coolechera, y Ciledco hay agrupados en 9 asociaciones campesinas más de 9000 labriegos que demandan su sustento del esfuerzo mancomunado entre filiales cooperados. ¿Permitimos que los arrasen?










