martes 12 de julio de 2011

Al tráfico de Barranquilla regresaron las acémilas


Columna publicada en "El Heraldo" Julio 12 de 2011

Por. Ricardo Buitrago C 

Las ciudades crecen, se desarrollan, y sus instrumentos de movilidad se sustituyen, regulan, restringen, o renuevan en la medida que la modernidad los vuelve obsoletos, inconvenientes o peligrosos. Se establecen para ello medidas, reglamentarias y limitantes, en pro de la convivencia y la seguridad ciudadana.
En ese propósito, la Secretaria de Movilidad salió a cazar el conejo de las mototaxis y, ¡zúas!, por entre las piernas, se le colaron unas liebres resucitadas, quizás, en busca de esas huellas que, según excelsa narración de Alfredo de la Espriella, fueron dejadas como testimonio de sus dinámicas faenas: las acémilas.
En bestias como caballos, burros, y mulas, de acuerdo a relatos del maestro sobre la ciudad de los años 1920, “Cabalgaban sobre sus lomos, campesinos por calles y callejones con sus típicos pregones... ¡Coco de Agua!...¡Carbón de palito!...¡Yuca, ñame, plátano verde, verduras frescas!...” cuando a la urbe no había llegado el transporte automotor y sus calles eran de arena.
Con la modernidad de los años subsiguientes, cuando entraron en circulación los “modernos “Chevrolet”, “Buick”, “Packardt”, “Roadster” y “Ford” importados,  se establecieron disposiciones regulatorias al trasporte tirado por bestias, y se instalaron semáforos y otras medidas restrictivas que originaron una huelga de los conductores de acémilas pues, a decir del maestro De La Espriella, los animales no entendían eso de la luz verde, roja o amarilla, y se armó, “la de Dios es Cristo”. Pero las medidas se implantaron.
Pues bien. Ahora, con pregón cambiado y la amplificación estridente de un megáfono, entre concurridas calles con automóviles a velocidades que otorga el privilegio de la pavimentación y la tecnología, aparecen nuevamente los carros de mulas, de gran utilidad en el pasado, pero obsoletos, con alta peligrosidad, y traumáticos en el presente, transitando orondos en el rumbo de la vía, o en contravía, con estribillos que más o menos así rezan: “compro chatarra, aires dañados, baterías averiadas, compro…” y no hay autoridad alguna que los restrinja.
Inconcebible que en los retenes -de las 6p.m. que buscan sorprenderlo a uno sin luces encendidas- pase, por un lado, un carro de mula al que no le brillan ni los ojos de la bestia y no ocurra nada.
El derecho al trabajo, el desempleo, y toda una serie de factores que en defensa de la circulación de estos vehículos por la ciudad se esgrimen son argumentos importantes para tener en cuenta en un reordenamiento social y económico, pero no se constituyen en válido  pretexto para alterar la movilidad de una ciudad que requiere orden y cultura ciudadana, para poner en riesgo la vida de los ciudadanos que transitan por nuestras calles y menos para que esas omisiones pongan en entredicho la autoridad.
Sí, porque las regulaciones hay que cumplirlas pero… ¿habrá autoridad para exigir revisión técnico-mecánica, licencia de conducción y cumplimiento de normas de transito, si los carros de mula las violan todas y nadie actúa?
Alcalde: las excelsas narraciones del maestro De La Espriella sobre la circulación pretérita de las acémilas en la Arenosa son para vivirlas en el imaginario de la época, pero no para retrotraerlas al presente.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente Artículo: Pues toca un tema importante sobre los graves problemas que se presentan en Barranquilla, El señor Alcalde será que no escucha un día domingo a las 7 a.m. el ruido estridente y fastidioso de un megáfono, máxime cuando uno está descansando. Que me dice del excremento que dejan las bestias. Hay otro tema y es el de la invasión en el norte de ventas ambulantes y puestos fijos de comida. Queremos una ciudad de verdad y no pueblo grande, como lo señalan los visitantes.
Saludos,