martes 19 de octubre de 2010

Reflexiones sobre una sociedad borracha


Columna publicada en "El Heraldo" Octubre 19 de 2010


Por: Ricardo Buitrago C

Alarmados nos rasgamos vestiduras por el incremento considerable de fatales accidentes de tránsito producto de la conducción de automóviles bajo los efectos del alcohol y el acrecentamiento de casos de menores involucrados en esos hechos. Pero mientras, hipócritas, buscamos subterfugios y esguinces para burlar las normas y leyes que pretenden eliminar la funesta costumbre.

Ese contradictorio accionar es lógica consecuencia de nuestra decisión de volver el alcohol inseparable de la socialización y la convivencia, aun siendo conscientes de los trastrocamientos sensoriales, de personalidad y alteración de comportamiento que su consumo acarrea.

“Ninguno que beba u ofrezca un vino puede llamar borracho a su vecino” dice un sabio refrán, así que todos !Somos borrachos!, fomentamos esa cultura o formamos borrachos. Claro, es utópico pretender que los hijos, que miran el ejemplo de idealizados progenitores, permanezcan inmunes a los comprobados perjuicios que les acarrean sus desafueros.

Esa generalizada practica explica la queja del taxista Félix Pertuz cuando recibió la resolución sancionatoria por conducir ebrio y dijo: “¿Si me castigaron a mí, por qué no lo castigaron a él?”. Se refería al concejal Juan Vergara quien fue sorprendido conduciendo habiendo ingerido alcohol, lo reconoció públicamente, presento disculpas y la Secretaría de Movilidad lo absolvió.

Lo preocupante de este caso no es la inequidad en la aplicación de la sanción, sino el que la injusticia termine desdibujando la gravedad de las acciones de uno y otro, convirtiendo en victima a quien con irresponsable actitud pudo ser victimario de desastre y privilegiado a quien con impunidad se le premia una conducta amenazante, que pasó a segundo plano.

Cambiar la actitud ante el desarrollo de esa enfermedad social de la que conscientemente nos contagiamos es una necesidad. Aparte de la normatividad estatal al efecto, que cuando se anuncia drástica la aplaudimos, para luego violarla, es necesario también una familiar sobre la edad, momento y circunstancias apropiadas, para que la persona pueda empezar a hacer y hacerse daño ingiriendo alcohol. ¿Dura la frase?

Sí, hacer y hacerse daño escribí, y lo recalco, porque es una realidad vergonzosa y vergonzante que cargamos a cuestas y que debemos analizar para matizar la convivencia con un problema que no requiere solo de críticas y comentarios.

Fácil es catalogar de irresponsable a quien bebe, pero cuando organizamos la reunión, el grado, matrimonio, cumpleaños o aniversario, en lo primero que pensamos es en el licor. Con él, desinhibidos bailamos, reímos y gritamos, convirtiendo la celebración en un éxito y luego cada quien alicorado maneja su auto. Eso equivale a accionar el tambor de una letal ruleta rusa de la que muchos hemos salido con suerte, mientras a otros les ha tocado el orificio que marcó el sino de desgracia.

Las drásticas medidas anunciadas para evitar ese azaroso e irresponsable proceder son laudables, pero no estando dispuestos a separar el alcohol de nuestras vidas, debemos cohonestarlas guardando el vehículo antes, que no después, de ejercer la condición de borrachos sociales. ¡Me incluyo!

domingo 10 de octubre de 2010

Ha permanecido vigente

Pildorita publicada en la revista Semana edicion #1.484

En relación al artículo de portada ‘Regresa Uribe’, de la edición #1483 de la revista Semana, no puede regresar quien nunca se ha ido, bien porque no lo haya querido, no haya podido o no se lo hayan permitido. Álvaro Uribe dejó la Presidencia de la República pero ha permanecido vigente en el diario vivir de los colombianos, y no por cuenta de sus intervenciones, sino por sus seguidores y más por sus detractores, quienes parece que no tienen tema si no está él; no han cesado en la crítica diaria, el azore constante, los intentos de desprestigio incesantes y la retaliación evidente. ¿Así quién puede irse? ¡Lo atajaron y ahora se preocupan y se quejan!

Ricardo Buitrago Consuegra

martes 5 de octubre de 2010

Peatones sin espacios

Columna publicada en "El Heraldo" Octubre 5 de 2010

Por: Ricardo Buitrago C

Imaginen el nacimiento de un bebe que montado y asido al volante de un vehículo brota de las entrañas de la madre. El solo fantaseo propuesto es descabellado… contra natura. Por eso, por lo disparatado, lo traigo a colación, buscando resaltar lo irracional, porque si bien de esa forma no nos paren, actuamos como si así fuera.

Me explico: El hombre tiene una conformación morfológica diseñada por Dios para caminar, por eso venimos al mundo de a pie: peatones. Nadie llega en carro, pero cuando administramos nuestro hábitat priorizamos los espacios para esos valiosos utensilios que nos da la modernidad, en menoscabo de las áreas que nuestra estructura bípeda requiere para su natural andar. Nada más absurdo: teniendo la necesidad innata de caminar, nos confinamos para ello en las reducidas áreas que dejamos después de darle primacía al tráfico vehicular y a otros menesteres.

Es como si peces y pájaros pudieran definir su entorno y restringieran los primeros agua, encerrándose en peceras, y los segundos quitaran cielo y espacios libres y se enjaularan. ¿Estúpido? ¡Eso hacemos!

Con ese equivocado concepto de desarrollo que idiotizados profesamos, sin darnos cuenta, perdemos cada día libertades y con ello felicidad. Si, felicidad escribí y sin darnos cuenta también, porque la felicidad como valor abstracto es inmedible, como igual lo es la afectación que su falta nos hace y la carga emocional y psíquica que por ello llevamos a cuestas. ¿Estresados?

Así como un canario enjaulado, sobreviviendo que no viviendo, trina engañosamente y lo suponemos feliz, igual creemos nosotros no afectarnos cuando la acera de nuestra urbe se reduce, se elimina o se atiborran ella y los antejardines de llanterías, zonas de parqueo, ventas ambulantes, talleres y toda una serie de actividades que obligan a que tengamos que andar en constante zigzaguear e incesante cambio de rumbo.

Con ese irracional proceder somos hoy una ciudad más grande, pero menos amable, menos acogedora, colmada de vehículos y negocios irregulares que priorizamos sobre nuestro ser y para darles cupo redujimos, eliminamos o abandonamos espacios públicos, zonas verdes y parques en donde deberíamos retozar libremente.

¿Parques dije? ¿Cuáles? Los pocos que hay están abandonados, enmontados o entregados a particulares en concesión, desviándose su objetivo de esparcimiento con libertad y gratuidad.

Romper esa nefanda actitud y recuperar los espacios perdidos debe ser un propósito colectivo; no solo del Distrito y los Gremios. Ellos, con el Plan Maestro para el Centro Histórico acometido por Alcaldía y Cámara de Comercio, dieron el arranque. Siguen las Plazas de San Nicolás, San José, San Roque, y el Paseo de Las Palmas. Pero no es suficiente si no se vencen desapego e incultura ciudadana.

Hay por fortuna inquietudes: el Alcalde menor de la Localidad Norte Centro Histórico, por ejemplo, emprendió una campaña pedagógica denominada " Manifiesto Ciudadano por la recuperación del Espacio Público”. ¡Suena interesante! Solo con cultura ciudadana, tendremos una ciudad amable para vivir, no para sobrevivir, como hoy lo hacemos emulando a pájaros enjaulados!