Columna publicada en "El Heraldo" Julio 27 de 2010
Por. Ricardo Buitrago C.
“La verdad no peca pero incomoda” reza el refrán. Y cuan cierto es… Puede resultar tan fastidiosa, dolorosa, o convertida en desagradable trago amargo que algunos en procura de evitarlo, prefieren callarla, ignorarla, o matizar su mal sabor con actuaciones melindrosas que mimeticen tras de sí las duras y peligrosas situaciones que ella encarna.
Ese, no es precisamente el talante del presidente de los colombianos que en pocos días termina su periodo. Uribe es de los que con asistida razón piensa que la realidad hay que exponerla, máxime cuando envuelve graves episodios que afectan la institucionalidad.
Bajo ese precepto, en bien sustentado y documentado dossier que incluyó georreferenciación de campamentos, coordenadas y pruebas documentales, videográficas, y fotográficas, el gobierno presentó ante la OEA las evidencias que corroboraban el contubernio, patrocinio y maridaje que en el vecino país se tiene con la guerrilla de las Farc.
El pormenorizado informe, por lo contundente, se constituyó en amargo bebedizo cuya ingesta retorció las entrañas del mandatario venezolano. Y este, ignorando los requerimientos colombianos, en cinismo desbordado y confesión de culpabilidad manifiesta, decidió romper relaciones diplomáticas.
Lo grave de la decisión no son las repercusiones económicas que sobre el país acarré el hecho; ya las relaciones comerciales estaban rotas y habíamos sobreaguado a gran parte de los efectos adversos; además, dado el desbordamiento a que ha llevado Chávez a la economía de su país, pensar en una total recuperación del comercio perdido se convirtió en quimera. Preocupan sí los efectos que, inconcebiblemente, la pócima ha tenido en una pequeña, pero bulliciosa, parte de la nación.
El simplismo con que han tomando el suceso abruma; no están viendo el fondo. Les asusta el rompimiento de las relaciones diplomáticas, pero no les incomoda que se esté atentando contra la nacionalidad albergando y patrocinando a grupos terroristas que nos agreden. Hay quienes, como la columnista Salud Hernández, piensan que para no fastidiar a Chávez es mejor arrodillarse y perder la dignidad. ¡Horror!
Pellizquémonos: el propósito del mandatario vecino, en su delirante sueño de revivir las gestas Bolivarianas de la antigua Gran Colombia, es, mediante “la combinación de todas las formas de lucha”, lograr el control de nuestro territorio. Y para ello… cuenta con las Farc. De ahí, la dificultad de entendimiento diplomático.
Así las cosas, un camino valido es lograr la concientización de la comunidad internacional de que en Venezuela hay una amenaza latente contra la democracia del Continente Americano. Ese fue el propósito de Colombia en la OEA, el foro internacional americano por excelencia.
El proceso es lento y dispendioso, sí pero…, en el ínterin, con las puertas diplomáticas abiertas, un desgaste asumido con grandeza de patria por Uribe, y la esperada presión internacional a Chávez, Santos podría –tiempo condicional- tener allanado el camino para una recomposición de relaciones, conservando institucionalidad y dignidad.
Mientras, pasemos el trago amargo procurando no arrugar la cara.