Ahí voy: la revista Soho hace de la desnudez vehículo blasfemo de imágenes religiosas, ¡y vende! Esta vez fue Marbelle: tetas al aire, suplantó dos de las más emblemáticas efigies de la religión católica: el Sagrado Corazón, y el Divino Niño. ¿Mojigatería la mía? ¡No!!! Una cosa es que la diva muestre su cuerpo sin recato desde todos los ángulos y cavidades, si le da la gana, y otra que al hacerlo atente contra los íconos más sagrados de la Iglesia Católica.
Una errónea interpretación del espíritu liberal que inspiró la Constitución ha desatado un libertinaje e irrespeto, que se constituyen en afrenta hacia creencias diversas. Se cometen excesos que ofenden y polarizan sectores ideológicos, religiosos y políticos disimiles.
Acorde con ese estilo, la frivolidad en la decisión electoral abruma. Excesos de la clase política tradicional crearon un espíritu retaliativo, que atizado mediáticamente exacerba pasiones y obnubila conciencias. Se trepó así en las encuestas presidenciales un personaje bien intencionado sí, pero disperso, que anteponiendo habilidad histriónica a su falta de erudición ha hecho del exhibicionismo y el escándalo su mejor aliado: el profesor Mockus.
Por cuenta de esa veleidad, quien mostró su trasero espernancado, orinó en público, arrojó un vaso de agua en la cara a un contrincante y abofeteó a un estudiante, ya no se ve grotesco ni irrespetuoso. Como educador y filósofo aplica excentricidad didáctica. (!) Ah, y no es locura disfrazarse de cuasi-chapulín, de zanahoria o contraer matrimonio a horcajadas en un elefante: es originalidad.
¡Increíble! Incoherencias y disquisiciones mentales que a otros hubieran sepultado, a él lo catapultan: admira un día a Chávez y luego se retracta; habla de suprimir el ejército como en Costa Rica y de combatir a las FARC ¿con mimos?; es escéptico sobre Dios y practica el catolicismo ¡irresoluto!; y habló de extradición y desnudó su ignorancia supina sobre nuestras leyes; pero es honesto. (!)
No soy mojigato, rezandero, ni retrógrado. Tengo sí, creencias, principios, ideología y sentimientos. En ese contexto soy, por una parte, convencido de la existencia de un ser superior que enmarcado en los preceptos de la religión católica es simbolizado con imágenes. Venero a mi Dios y dentro de la libertad de cultos que la Constitución contempla, por Él, exijo respeto. Me ofendió la publicación de Soho.
Ahora, ideológicamente, el crecimiento de la Ola Verde no me indigna, están en un ejercicio democrático valido. Aspiro sí a que sus seguidores se percaten, que tras esa retórica confusa e ininteligible y de sus simbolismos y desvergüenza, Mockus no ha esbozado nada coherente y concreto en relación con los graves problemas que agobian al país. Sus opiniones y programa de gobierno son abstractos, como su mente.
Con Samper entró a Palacio un elefante ¡figurado! En esta desmesura, de golpe llega Mockus montado en uno real. ¡Viva la irreverencia!