Por: Ricardo Buitrago C
El referendo reeleccionista ya es historia. La Corte Constitucional lo hundió, y con ello la posibilidad de que Uribe ocupase por tercera vez el solio de Bolívar se esfumó. Y como dice el refrán: “Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás”, hablar de lo que para bien o para mal pudo ser y no fue, es intrascendente. Ahora, la atención se centra en lo que viene.
Ya sea mirada desde la óptica de quienes respaldamos con ahínco las políticas del actual gobierno, o desde la de quienes a ultranza las criticaron, la decisión de la Corte crea una nueva realidad política con variados escenarios. Sobre uno de ellos se afincará el futuro del país, y el horizonte lo veo matizado en azul.
La medida también pone fin a una era, para mí, de las más fructíferas de cuantas he vivido. Para otros no, pero, por sí o por nó, le coloca al país un nuevo referente; el antes y el después de Uribe.
Simultáneamente, sin tiempo para velorio ni ritos mortuorios, así a muchos el hecho nos arrugue el alma, se sepulta el uribismo. Aunque la verdad, como tendencia política nunca existió. Había sí un alinderamiento de partidos, personas y grupos, alrededor de un hombre en quien los que lo respaldamos, vimos identificadas ideologías, principios y tendencias.
El Partido Conservador se sintió representado en Uribe y no tuvo reparos en apartar vanidades para apoyarlo en los dos mandatos. Se constituyó en su más fuerte aliado y coadyuvante de sus logros. Esa sabia decisión impulso su resurgir.
Hoy, la situación es diferente. La coalición que llevó al poder a Uribe está resquebrajada y dispersa; mientras el partido, fortalecido, se erige como la primera fuerza electoral del país, y es protagonista de primera línea para continuar unas tendencias de gobierno que una mayoría anhela y que son afines a su ideario.
Ahora bien, que el legado de Uribe sea referente para el próximo gobierno es válido sí, pero no que su éxito dependa de la injerencia del hoy presidente en su sucesor.
Bajo esa premisa, la colectividad conservadora no puede equivocarse, engañarse, ni dormirse. Craso error sería apoyar a un candidato carente de identidad propia como Andrés Felipe Arias. Ese, sintiéndose clon de Uribe, no aporta nada diferente al servilismo incondicional hacia quien lo mimó. Como estandarte de campaña esgrime el consentimiento que se abroga recibió del presidente y cual muñeco de ventrílocuo repite conceptos ajenos.
Es además actuación rastrera, censurable y vergonzosa, el que con intromisión externa en la consulta conservadora “Uribito” pretenda derrotar a Noemí, para luego recibir él instrucciones extrañas al partido sobre su rumbo. Aberrante que lo haya dicho.
¡Al carajo! La consulta es goda, no uribista, y quien pretenda jugar con la conciencia ideológica del partido, no merece representarlo, así que, la oportunidad histórica para que el horizonte se pinte de azul, solo se puede empezar a materializarse el domingo con una votación masiva hacia un candidato que continuando la Seguridad Democrática y otros aciertos de este gobierno, adopte una propuesta propia, coherente y bien cimentada. Y… creo yo, es Noemí quien mejor encarna esa condición.