Por: Ricardo Buitrago C.
La imagen fue impactante y conmovedora: el presentador del canal RCN TV, Felipe Arias, narraba la magnitud del desastre haitiano por el terremoto que azotó la isla. Como fondo, tenía muertos, mutilados, huérfanos, hambre, miseria y desolación. Ante tal degradación de congéneres caídos en desgracia, irrumpió en llanto; palpable manifestación de pesar en respuesta audible y visible a la afectación emocional que le produjo el hecho.
La imagen fue impactante y conmovedora: el presentador del canal RCN TV, Felipe Arias, narraba la magnitud del desastre haitiano por el terremoto que azotó la isla. Como fondo, tenía muertos, mutilados, huérfanos, hambre, miseria y desolación. Ante tal degradación de congéneres caídos en desgracia, irrumpió en llanto; palpable manifestación de pesar en respuesta audible y visible a la afectación emocional que le produjo el hecho.
Esa expresión de sensibilidad en que el ser humano agobiado y golpeado por la pesadumbre y la impotencia exterioriza sentimientos con lágrimas, produce en los televidentes variadas reacciones: seduce a algunos y exacerba a otros, pero a ambos, les aflora esa perversidad morbosa que lleva intrínseca el hombre, y que despierta ansias de conocer detalles del sufrimiento causante del llanto.
Y aquí viene lo censurable: los editores del canal, expertos en descifrar y aprovechar expectativas mórbidas para cautivar audiencia, no tuvieran empacho en utilizar el cliché de la enternecedora escena, para, durante una semana, diariamente, como expectante abrebocas de la información re-exponerla seguida de repetitivas tomas del atroz escenario de muerte y desgracia, repasadas insistentemente en extensas trasmisiones.
Así, el énfasis al detalle truculento, atizado por expresiones sentimentales perversamente utilizadas, prevaleció sobre la esencia del hecho noticioso. No contentos con la evidencia visual que por sí reflejaba la magnitud del desastre, periodistas, con inquisidora morbosidad acosaban dolientes para hurgar dolorosas intimidades.
El horror de lo acontecido en Haití es incontrovertible, y hacerlo público es un deber periodístico, pero traslapar la información seria y responsable, dando exagerado y protagónico despliegue al dolor en busca de audiencia, lo convierte en una afrenta que ensombrece el enorme esfuerzo periodístico que efectuó el canal.
Aberrante también la controversia que Venezuela, Bolivia y Nicaragua quieren crear al no resignarse a no ser protagonistas en Haití. Critican la preponderancia norteamericana en la asistencia a la isla.
A una demencial tesis del régimen Chavista de que “armas de terremoto” desarrolladas por EEUU fueron las causantes del sismo para invadir militarmente el país, le hacen eco cual payasos de alucinante circo, Ortega y Morales. Qué horror: el dolor como objetivo escénico y de rating.
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COLETILLA: En mi pasada columna “Ahorrar agua, ¿para quién?” fui agudo en reflexiones sobre la absurda penalización a su consumo. Di además precisa información sobre ineficiencias y despilfarro; e inculpé. Recibí numerosos mensajes de adhesión a mis argumentos, pero, ni autoridades o incriminados, desmintieron o refutaron los cuestionamientos. ¿Pasando de agache?
Persisto: “el tigre no es como lo pintan”. La negligencia e imprevisiones de alcaldías y operadores tienen en emergencia a unos municipios atlanticenses por suministro de agua, cuando por más sequia del Rio, magnificada en impactantes imágenes, tenemos abundancia de ella. El Gobernador salió a suplir deficiencias ajenas, pero, insisto en un foro, un conversatorio, algo, importante ver cómo está corriendo… el agua, digo.
ribu1951@yahoo.com













