Columna publicada en "El Heraldo" Noviembre 16 de 2010
Por: Ricardo Buitrago C
No me extrañó que mi pasada columna “Respeten a la Cámara de Comercio… por favor”, en la que, por mancillar el bien ganado prestigio del ente gremial, hice a algunos miembros de su junta directiva destinatarios de calificaciones deliberadamente duras, generara replica. Es natural que quien expresa su sentir reciba observaciones contrarias, acogidas con respeto, en razón al principio fundamental de libertad de expresión.
Lo que no esperaba, era que el ejercicio de un valido y elemental derecho desnudara un pérfido y difuso talante que me obliga a volver sobre el tema. El Dr. Alejandro Duarte se dio por aludido y replicó en lamentable documento que hizo público este diario, utilizando falaces apreciaciones, equivoca interpretación gramatical y mentira.
Pretendió descalificar al columnista con la vil patraña de utilizar falsedades para trastocar la realidad y desnaturalizarla.
Mintió, cuando para sacar de contexto el fondo de la columna que le molestó, me endilgó la calidad de cuñado de Arturo Sarabia: personaje que se le ha convertido en fantasma y pareciera atormenta su conciencia. ¡Falso de toda falsedad! Ni soy hermano de la mujer de Sarabia, ni soy o he sido marido de una hermana suya. ¡No soy su cuñado! ¿Y si lo fuera? Tampoco así desvirtuaría las aseveraciones que hice.
Bien difícil es no colegir que hay en la réplica o poco carácter o un rastrero propósito cuando el dirigente, en perversa conjunción gramatical, personifica para sí lo banal (su amistad con el director) y generaliza sobre lo fundamental afirmando que: “hay directores” –que no determina ni entre ellos se incluye- que están demandando información sobre actuaciones poco transparentes y mafiosas en la cámara, de las que no especifica modo, tiempo o lugar.
Con ese estilo, similar al de quienes filtraron la información objeto de la columna, en el que con malévolo juego de palabras conjugan adjetivos imprecisos como “recientes”, con acciones de directivos en tiempo presente, dejó Duarte flotando en el ambiente vaguedades sobre supuestos turbios procederes en la cámara sin llegar a la concreción. ¡Que mal le está haciendo a la institución!
Particularmente extraño e incoherente resultó además el comportamiento que como directivo adopto en la réplica cuando, en lugar de sentirse orgulloso de la entidad de la que es corresponsable en su accionar, se preocupó en refutar la ponderación que de la misma hice.
Se le olvidó que quien toma asiento en una mesa directiva, es coparticipe con la administración en los éxitos, fracasos y desatinos de la institución. Máxime en casos, como el de él, en que ha sido elegido en tres periodos bianuales.
El directivo se está equivocando. Por ello lo conmino a enmendar su incorrecto proceder o concretar sus acusaciones, diciendo sin subterfugios, dilaciones y con absoluta precisión y detalle, cuales son las actuaciones no transparentes o mafiosas que en el seno de la cámara actualmente se están dando, pero sin reminiscencias de actuaciones pasadas retrotrayendo a fantasmas que le atormentan. Insisto: ¡Respeten a la Cámara de Comercio… por favor!










2 comentarios:
Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)
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