Columna publicada en "El Heraldo" Septiembre 21 de 2010
Por: Ricardo Buitrago C
Estaban en fragor las noticias sobre la composición del gabinete del entonces recién elegido gobierno cuando en improvisada tertulia, de esas que previo a cualquier evento se desarrollan, le escuché a Porfirio Castillo esta expresión: “Santos está haciendo las cosas tan bien para que le vaya mal”.
Traigo a colación la frase, ojala no premonitoria, para tratar de descifrar el enigma alrededor de supuestas fisuras en la coalición de gobierno que algunos ya vaticinan de sismo, mientras para otros es hecho hipotético.
Acojo pues, expresión ajena para realizar sobre ella análisis propio: Que Santos conformó un gabinete de lujo es conclusión axiomática. Pero igual es máxima sabida que para seleccionarlo, pasó por encima de aliados políticos que lo llevaron al solio de Bolívar.
Golpeó sentimientos de quienes coadyuvaron a su arrollador éxito electoral y en su afán de constituir ese “Dream Team” incluyó, en un gobierno en coalición con fuerzas políticas afectas al anterior, a personajes que teniendo quejas contra él -así sean validas- no han sido capaces de apartar el espíritu revanchista que las mismas les genera.
Vargas Lleras,no ha dejado un solo día de derramar bilis anti-uribista en distintos escenarios de la vida nacional. Y aunque es actitud rayana en torpeza pretender que sus vertimientos pútridos no pringuen a quien fue ministro estrella de Uribe, no lo es menos que lo haga estando próximo a llevar los proyectos bandera del gobierno al Congreso, para sacar avante una agenda legislativa con los votos de la lonchera que cotidianamente patea.
Y para seguir manteando al toro: los liberales, invitados sin derechos al convite, que catalogaron como factor adverso a la reelección presidencial, por desequilibrio institucional, el que con ella ternados a organismos de poder provendrían del mismo gobierno, ahora desechan la tesis y proponen que Santos cambie la terna a Fiscal en complacencia a una Corte politizada que se niega a elegir de la actual por provenir de Uribe. Y el Gobierno da señas de querer hacerlo.
Que Santos sea diferente a Uribe es consecuencia lógica de personalidad disímil. Pero ello no justifica su inconsecuencia con quien lo catapultó al triunfo y con sus bancadas afectas, permitiendo que desde su gobierno se les atropelle. ¿No hay así lugar a resquemores?
De ese y otros contrasentidos nace la intranquilidad. Así que los guiños, manos tendidas y posiciones débiles aplicadas para complacer a detractores ahora encumbrados, y que a regañadientes fueron aceptados como cambio de estilo, ya empiezan a preocupar. El cuento del Santos renovador, aunque su accionar contraríe su pasado reciente, ya no cala tanto. ¡parece otro!
Pensar que por el prurito de marcar diferencias cambió actitudes exitosas a las que coadyuvó desde un gobierno del cual formó parte, no encaja, sería torpe. Y como tardo no es y los afectados lo saben, ante tantos cabos sueltos, se empiezan a despertar resquemores, sentimientos y sospechas de haber sido taimados.
¡Pérdida de confianza se llama eso! Y si no hay correctivos que la devuelvan, la coalición va camino a reventarse y la frase a ser premonitoria.











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