Columna publicada en "El Heraldo" Agosto 10 de 2010
Por: Ricardo Buitrago C
Si los refranes reflejan la sabiduría popular, ese que reza: “No hay peor cuña que la del mismo palo” es la excelencia; dibuja la peculiar circunstancia cuando un nativo de una región, miembro de una familia o de un conglomerado es particularmente injusto, indiferente o ingrato con sus congéneres… en esa categoría se encasilló el ex ministro barranquillero Carlos Costa.
Terminó su periodo y con esguinces, subterfugios y trapisondas, aplicados en desarrollo de una mal entendida buena fe ambientalista, -supongo yo para no pecar de suspicaz- nos dejó como amargo recuerdo de su paso por el Ministerio del Ambiente la resolución 3888 que Incluyó la margen occidental del rio Magdalena, a partir de Pimsa, dentro de la zona Ramsar, so pretexto de proteger como humedal natural la joven y artificial ciénaga de Mallorquín, nacida con la construcción del tajamar.
La infausta decisión, más que efectividad per se, trunca necesarios proyectos portuarios, desecha las ventajas comparativas que la localización de la ciudad y la artificialidad del tajamar nos dio, remueve fibras de una conciencia ambientalista hoy en boga –necesaria por demás- y despierta sentimientos de equivoca solidaridad a un entorno artificial creado por acción del hombre, que no de natura, que hay que proteger sí, pero sin penalizar injustificadamente la vocación portuaria de Barranquilla.
La artificial ciénaga de Mallorquín nació a partir de 1925 cuando, con la construcción del tajamar, se interrumpió el flujo y reflujo de aguas que al vaivén de vientos y mareas circulaban a través de un caño que interconectaba pequeñas lagunas costeras en un sistema estuario-deltaico utilizado por entonces para trasporte de víveres y mercancías entre Puerto Colombia y Barranquilla. Cerrada por el tajamar, la corriente de agua proveniente del rio Magdalena hacia el mar, la acción de la marea formó en el litoral una barrera que produjo el aislamiento y estancamiento que originó la ciénaga. Quedó entonces como fuente de alimentación de la naciente laguna, el caudal estacional del sucio arroyo León. De allí su prospección a colmatación y putrefacción.
A la ciénaga hay que mitigarle los impactos ambientales adversos, claro que sí, pero ello y los desarrollos portuarios no son excluyentes. Adecuadas medidas los viabilizan. Yo creía que eso lo había entendido el Ministro, pues en la margen oriental del Rio, en una zona, esa sí de humedales naturales, después de una “negociación” (?) –lo dijo el Ministerio- excluyó de la zona Ramsar el área donde hoy está el muelle carbonífero de Palermo.
Pero no fue así porque la premisa con que el ex ministro allá excluyó, no la aplicó cuando aquí incluyó y la protesta por la iniquidad descarada y manifiesta, la quiso disipar con la promesa de sacar al Atlántico del área Ramsar “para dejar total tranquilidad de que no se truncará el desarrollo portuario”, eso afirmó. Pero… se fue y ¡nos mamó gallo! ¿Faltó tiempo? No creo, finalizando el gobierno se tomaron decisiones, contra viento y marea, hasta en las madrugadas. ¿Entonces? Confiemos que la ministra entrante tenga la capacidad y voluntad que no tuvo Costa.










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