
La versión de “rasguño” sobre la participación de Samper y Serpa en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado a que se refiere el artículo de portada de la edición #1447 de la revista Semana, tiene la misma credibilidad o incredulidad que a los testimonios de hampones, les da el sesgo politizado o ideológico de cada interlocutor en un país radicalizado en extremo, cuya rama judicial un día, en aras de condenar a adeptos al gobierno resolvió darle veracidad testimonial a delincuentes, muchos de ellos con claros indicios de amaño, otros con señas de certidumbre, falsedades, verdades a medias, completas o de conveniencia, pero que a la postre, llevaron a judicializar y condenar a un número importante de personas, otrora precedidas de investidura y renombre.
Ahora, cuando ese fenómeno confesional utilizado selectivamente se extendió, se generalizó y empezó a tocar otros estamentos y personajes a los que inicialmente no estaba dirigido, resultaría contradictorio desestimarlo, puesto que la razón para aceptarlo en unos casos no podrían convertirse en sin razón de otros.
La bola de nieve que la aplicación de ese perverso sistema podría acarrear en la medida que las confesiones, ex profeso o con animo retaliativo o de conveniencia empiecen a salpicar a diferentes estamentos de la sociedad, terminaran, o llenando cárceles de personajes muchos quizás inocentes, o a radicalizar peligrosamente aun mas al país, si se resuelve volver a dar aplicación selectiva a los testimonios.
Ricardo Buitrago Consuegra










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