
Columna publicada en "El Heraldo" Marzo 24 de 2009
Por: Ricardo Buitrago C
A los caballos cocheros, les colocan unos artefactos de cuero a los costados de los ojos, que limitan su visibilidad e impiden perciban actividades a los lados que los espanten o distraigan. Se trata de enrumbarlos hacia un solo objetivo. Así, pasaron recientemente por Puerto Colombia raudos hacia Playa Mendoza, hombres públicos e industriales que buscan un proceso de integración entre Cartagena y Barranquilla, mediante la construcción de un Mega-aeropuerto equidistante entre las dos ciudades que jalone desarrollos.
La búsqueda de escenarios de progreso, suele a veces tapar los ojos y no permitir apreciar la cercanía. Y como nos ha venido pasando a todos, -no por bestias, sino por miopes- no se percataron los viajantes, que a orillas de la vía dejaban a su paso, una población, coadyuvante del progreso de Barranquilla en años anteriores e ineludible coparticipe de su futuro.
Esa localidad y su muelle, hoy diezmados por manejos politiqueros la una y la corrosión salitrosa el otro, sufren malheridos las arremetidas de las aguas, la voracidad de sus dirigentes y la indiferencia de quienes en el pasado se beneficiaron de su posición geográfica y hospitalidad.
Qué tristeza, a la distancia buscamos factores integracionistas, -labor por demás plausible- mientras, una población adjunta, con profundos lazos de unión en el pasado, se segrega, por una disputa territorial en procura de los tributos allí generados.
En otros tiempos, Barranquilla y Puerto Colombia, con fundamento en el muelle, -ahora cuasi derrumbado- y un ferrocarril que unia a la Arenosa con el mar, desarrollaron una fructífera integración. ¡Vivieron épocas esplendorosas!
Pero. ¡Siempre hay un pero!, llegaron como obras redentoras a Barranquilla los tajamares y el puerto sobre el rio Magdalena, y se rompió la idílica alianza. El muelle fue abandonado, el ferrocarril, que sería hoy “Tren de cercanías”, inmisericordemente desmontado, causas indeterminadas borraron Isla Verde y aunado al abandono y deterioro de sus playas, se produjo el declive de la urbe porteña; hasta las bellas casas veraniegas fueron desapareciendo.
No obstante, aun sin muelle, tren u otros nostálgicos hitos, Puerto Colombia, sigue siendo el punto más cercano de Barranquilla al mar Caribe y hacia allí como atraída por un imán, propende su expansión. Importantes desarrollos generados por la ciudad, se efectúan en la vía que conduce a ella, y en su casco urbano, y sitios aledaños, nuevas casas habitacionales y de recreo se han construido engalanando el entorno y disfrutando de la acariciante brisa y paisaje marino.
Tenemos que destaparnos los ojos para ver la realidad. ¡El desarrollo va hacia allá! Un acuerdo para dirimir el conflicto limítrofe, es urgente. Yo iría más lejos… A la integración de las dos urbes mediante una absorción que potencialice y catapulte esfuerzos. Cuando el mega-aeropuerto sea una realidad, no lo será menos, que el jalonamiento del crecimiento de Barranquilla hacia Puerto, se acentuará. Entonces, deberemos estar fusionados para acometer nuevos retos. Para las dos: la segregación seria una torpeza y una victoria en el pleito: ¡Pírrica!