Por: Ricardo Buitrago C
No hay derecho. Hay situaciones, que aun en medio de la alegría desbordante de los exitosos carnavales que hoy terminan, no se pueden pasar por alto.
Ni la supresión de reglas de la vida cotidiana, ni el espíritu alegre con que el Barranquillero celebra sus tradicionales fiestas, en donde el ingenio resplandece y la irreverencia se convierte en vehículo que expresa en tono burlesco, pero enjuiciante, el sentir popular en torno a acontecimientos recientes, son óbice, para tolerar abusos y usurpaciones que en nuestras narices, se hacen de espacios públicos destinados para parques. Más aun si ellos, se acentúan so pretexto de la celebración de las fiestas.
Me refiero a la metamorfosis camaleónica del Parque Bosques del Norte, -Calle 94, Cra. 53- adaptable, cual reptil multifacético a diversas situaciones. Ahora, con nueva cara; la de caseta Carnavalera, para seguir engrosando el bolsillo de unos, en detrimento del área pública de todos. Si, así es; el Sábado 21, en un lugar, concebido como público, bajo el lema “Rumbéate el Carnaval” –y el espacio comunitario agrego yo- se realizó una fiesta comercial con cinco agrupaciones musicales.
Hagamos memoria sobre antecedentes de este episodio de abuso sistemático de un área comunal: Hace un año, este diario en detallado informe, dio cuenta sobre el limbo en que se encontraba el predio de 35.000 metros cuadrados, que se supone de propiedad pública. No se halló documento alguno que soportara la pertenencia Distrital.
Salió a relucir en el relato, una concesión que sobre el dominio del bien comunitario hizo la administración de Edgar George a una empresa, propiedad del ex concejal Orlando Rodríguez, más conocido como “el cachaco”. Parques y Recreación, es la sociedad que explota comercialmente el lugar, birlando los objetivos que de esas áreas se contemplan en los planes de ordenamiento territorial.
La validez del convenio de cesión, es confuso. En 1999 el IDRD, decreto su caducidad por incumplimiento. No obstante, la posesión del lugar sigue en manos de la empresa del ex concejal.
Lo cierto es que con contrato o sin él, mientras, unas cuadras al norte, da gusto ver como el amplio separador central de la calle 98, se llena de niños y jóvenes en sano esparcimiento, -prueba de la eficacia de áreas de recreación gratuitas y la imperiosa necesidad de ellas- el parque Bosques del Norte, concebido para los mismos fines está en manos de un particular y allí se desarrollan explotaciones comerciales, que van desde estaciones de taxi, restaurantes, cafeterías, zonas para exposiciones y ferias, maquinas y elementos para juegos de niños y adultos, pista de carts y ahora en las festividades carnestolendas, transformado en bailadero. Todos estos servicios prestados, con ánimo de lucro.
Mientras en Bogotá, se expropian predios privados para volverlos públicos, aquí, áreas comunales se entregan a particulares. Ahora; ¿Por qué a las verbenas no se les permite utilizar espacios públicos para sus bailes y al cachaco si? Alcalde: Usted tiene la palabra y la ciudad en su administración las esperanzas… Porque esto, es un exabrupto.
No hay derecho. Hay situaciones, que aun en medio de la alegría desbordante de los exitosos carnavales que hoy terminan, no se pueden pasar por alto.
Ni la supresión de reglas de la vida cotidiana, ni el espíritu alegre con que el Barranquillero celebra sus tradicionales fiestas, en donde el ingenio resplandece y la irreverencia se convierte en vehículo que expresa en tono burlesco, pero enjuiciante, el sentir popular en torno a acontecimientos recientes, son óbice, para tolerar abusos y usurpaciones que en nuestras narices, se hacen de espacios públicos destinados para parques. Más aun si ellos, se acentúan so pretexto de la celebración de las fiestas.
Me refiero a la metamorfosis camaleónica del Parque Bosques del Norte, -Calle 94, Cra. 53- adaptable, cual reptil multifacético a diversas situaciones. Ahora, con nueva cara; la de caseta Carnavalera, para seguir engrosando el bolsillo de unos, en detrimento del área pública de todos. Si, así es; el Sábado 21, en un lugar, concebido como público, bajo el lema “Rumbéate el Carnaval” –y el espacio comunitario agrego yo- se realizó una fiesta comercial con cinco agrupaciones musicales.
Hagamos memoria sobre antecedentes de este episodio de abuso sistemático de un área comunal: Hace un año, este diario en detallado informe, dio cuenta sobre el limbo en que se encontraba el predio de 35.000 metros cuadrados, que se supone de propiedad pública. No se halló documento alguno que soportara la pertenencia Distrital.
Salió a relucir en el relato, una concesión que sobre el dominio del bien comunitario hizo la administración de Edgar George a una empresa, propiedad del ex concejal Orlando Rodríguez, más conocido como “el cachaco”. Parques y Recreación, es la sociedad que explota comercialmente el lugar, birlando los objetivos que de esas áreas se contemplan en los planes de ordenamiento territorial.
La validez del convenio de cesión, es confuso. En 1999 el IDRD, decreto su caducidad por incumplimiento. No obstante, la posesión del lugar sigue en manos de la empresa del ex concejal.
Lo cierto es que con contrato o sin él, mientras, unas cuadras al norte, da gusto ver como el amplio separador central de la calle 98, se llena de niños y jóvenes en sano esparcimiento, -prueba de la eficacia de áreas de recreación gratuitas y la imperiosa necesidad de ellas- el parque Bosques del Norte, concebido para los mismos fines está en manos de un particular y allí se desarrollan explotaciones comerciales, que van desde estaciones de taxi, restaurantes, cafeterías, zonas para exposiciones y ferias, maquinas y elementos para juegos de niños y adultos, pista de carts y ahora en las festividades carnestolendas, transformado en bailadero. Todos estos servicios prestados, con ánimo de lucro.
Mientras en Bogotá, se expropian predios privados para volverlos públicos, aquí, áreas comunales se entregan a particulares. Ahora; ¿Por qué a las verbenas no se les permite utilizar espacios públicos para sus bailes y al cachaco si? Alcalde: Usted tiene la palabra y la ciudad en su administración las esperanzas… Porque esto, es un exabrupto.






















