Por: Ricardo Buitrago Consuegra
Cual mucama que al hacer limpieza esconde la suciedad debajo de la alfombra, actuaron recientemente autoridades distritales, ambientales y el contratista encargado de la recolección y disposición de basuras en la ciudad, cuando se destapó la Caja de Pandora que guardaba celosamente la irresponsabilidad e ineficiencia que llevaron a la urbe a una emergencia sanitaria de proporciones incalculables.
Lo que nos faltaba; la putrefacción y hediondez, ya no solo estarían en la conciencia de funcionarios corruptos que han pululado en la ciudad. Traspasaban los límites de lo inmaterial a lo físico. Barranquilla, se convertía sorpresivamente en una gran pocilga, por cuenta de la descomunal emergencia salida a la luz pública: al basurero El Henequén, en donde diariamente se depositan 1.600 toneladas de desechos, no le cabía un gramo más y no se venían aplicando los tratamientos anticontaminantes requeridos, conceptuó la CRA.
El desprestigiado organismo ambiental, esta vez actuó con inusual celeridad. Quizás, la encomiable diligencia en el cumplimiento de su deber, se originó en el ánimo de recuperar el crédito perdido. Lo cierto es que emitió una resolución cerrando el basurero. Así, los desperdicios generados diariamente, quedaron sin destino inmediato definido para su depósito y tratamiento. ¡Todo el mundo quedó estupefacto!
A las volandas y porque nadie había previsto con anticipación la emergencia, Administración Distrital, Triple A y CRA, salieron a firmar un acuerdo sorprendente e insólito. ¿Pactaron acaso seguir contaminando, mientras la empresa contratista del aseo soluciona sus problemas de ineficiencia y termina el nuevo basurero en Tubará? Todo induce a creer que hicieron como la empleada domestica: levantaron la alfombra y ¡zúas!... con ella taparon la inmundicia, el incumplimiento del contratista con el Distrito y de este con la ciudad.
La deducción es válida, por una sencilla razón: la contaminación se produce o no. Pero, si se genera, hay que eliminarla; no es negociable su continuidad. Es sancionable. Si se resolvió reabrir el basureo, pasó una de dos cosas: o la CRA, se excedió en sus facultades al emitir la resolución sin motivo para ello, o ante la magnitud del problema y la incapacidad para resolverlo, se hicieron de la vista gorda y acordaron lo inacordable. Porque, bien difícil creer que a solo horas, las causales de clausura hayan desaparecido. Ahora, si existían acciones que de inmediato eliminaran el efecto contaminante, ¿Por qué no se implementaron antes?
Me atrevo a responder: Sucesivas administraciones han estado convencidas de que al concesionar un servicio público, cesa la responsabilidad constitucional sobre su prestación. Y esa obligación no desaparece. Al desarrollo de las concesiones el Distrito, no les ha venido haciendo seguimiento e interventoría. De allí las sorpresas por incumplimiento de contratistas, que como ruedas sueltas, hacen lo que les viene en gana. No es de extrañar entonces, que en cualquier momento se abra otra caja de pandora que nos deje sin alumbrado público, sin agua, o… sin ciudad. ¿Habrá más debajo de las alfombras?














