Columna publicada en "El Heraldo" Diciembre 15 de 2009
Por: Ricardo Buitrago C.
Con desdén: así fue; con una ofensiva indiferencia rayana en menosprecio, como el gobierno y algunos medios capitalinos recibieron el fallo absolutorio del contralmirante Arango Bacci. La displicencia refleja la adversidad a sus intereses. Claro, golpea a uno de sus hijos mimados: el ex ministro Juan Manuel Santos, quien implacable había acusado al oficial de narcotráfico.
La sentencia de la Corte Suprema de Justicia, que además pide investigación penal a Santos, es a él lo que el AIS a Arias; el cipotazo que lo “esmondilló” del burriquete desde donde aspiraba saltar a la presidencia.
Pero, con mutismo lo quieren sostener: salvo contadas excepciones, como la excelente columna de McCausland y un par de falaces apreciaciones en El Tiempo, un silencio mediático interiorano casi absoluto pretende amainar el efecto del escándalo, pasando por encima de los graves e irreparables daños causados a Arango y a su familia.
El cumplimiento del deber: fue la explicación con que Santos y el almirante Barrera pretendieron justificar lo injustificable: la bellaca acusación y ensañamiento en contra del oficial Caribe en la que le imputaron vínculos con el narcotráfico basados en falsas pruebas, falta a la verdad y afán de perjudicarlo: es la clara y contundente conclusión de la Corte en su veredicto.
Amigo de refranes y frases celebres, encontré una de George Bernard Shaw que a este episodio le cae al pelo. Así reza: “Cuando un estúpido hace algo que le da vergüenza, siempre explica que es su deber”. Le quitaría “vergüenza”, ¡no tienen! pero es la sapiencia de Shaw la que transmito.
Defendiendo lo indefensable, connotadas columnistas capitalinas pretendieron desvirtuar el complot una y mantener su dedo señalante otra. Respetables posiciones; también la ponderación que de las calidades, defensa y exculpación de Barrera y Santos hizo con su excelsa pluma el periodista Mauricio Vargas. Son sus pareceres, tan válidos como el discrepante mío.
Pero las que a continuación relato, no son opiniones mediáticas; son aseveraciones jurídicas determinantes y graves que sobre los mismos personajes y sus testigos hizo la Corte en su sentencia: De manera taxativa afirmó que los oficiales Barrera y Tovar mintieron; determino el amaño de declarantes para perjudicar al oficial; concluyó que Santos omitió dar a conocer a la justicia la comisión de un delito; y ordenó indagación penal al comandante de la armada y al ex ministro. ¿mas?
No pretendo vulnerar, como lo hicieron con Arango, la presunción de inocencia que todo investigado debe tener. A Santos y Barrera que de señaladores pasaron a señalados, es imperativo que ese beneficio se les respete. Pero los platos rotos de esta ignominia que algunos temen pague la Armada, por su aberrante actuación van por cuenta del ex ministro.
Soy uribista, pero no ciego ni torpe: Arango se forjó una imagen de inocencia y pulcritud, mientras Santos con su accionar errático, –digo, para no prejuzgar- se labró una de perversidad maquiavélica. Con esa apariencia y la espada de Damocles de una investigación penal que pende sobre si, no puede ser presidente. ¡Otro que solito se sacó de la baraja!










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