El valor simbólico que su calidad de victimas del horrendo crimen del secuestro, algunos prevén convierta a los políticos recién liberados por las FARC en fenómenos electorales en la próxima contienda a la que la mayoría se va a lanzar, podría perderse y transformarse en un bumerán. Pasar de la selva, con todo y sus problemas de convivencia, a la manigua de la disputa política, tiene sus bemoles. Allí, peculiares códigos de conducta, hacen se pierdan consideraciones, sentimientos, afectos y respeto; se escudriña sin resquemores, a mas de intimidades, actuaciones públicas pasadas, en las que algunos podrían no salir bien librados.
Además, la coincidencia, como estandarte de campaña, del intercambio humanitario y ataques a la política gubernamental, premisas estas similares a posiciones de las FARC, podría hacer, que la polarización del país que ahora se traslada a la contienda electoral, haga que lo que ahora, quienes con timidez catalogan sutilmente a algunos liberados, como afectados por el síndrome de Estocolmo, los califiquen directamente y sin ambages como alinderamientos negociados con sus secuestradores. Bien difícil la decisión, pues la emocionalidad de la política y sus efectos, juega para ambos lados.
Ricardo Buitrago Consuegra











3 comentarios:
Politicos, la mayoria no son. Son politiqueros y esos hacen pacto con dios y con el diablo. mas con el diablo
Pero si votan a políticos que han estado en la cárcel y además salen elegido y vuelven y gobiernan y vuelven y roban, ahora que no voten por los sentimientos que despierta una persona que estuvo secuestrada. Valga la aclaración, estoy de acuerdo con usted Dr. Buitrago.
La ignorancia es atrevida y valdrá punto fundamental enterar al pueblo de lo que pasaría si se vota por uno de estos políticos, que quizás deba pagar su cuota pendiente en la selva...
No veo diferencia entre las farc y los mencionados por Ustedes. Todos son politiqueros, puercos,descarados bandidos y sinenmbargo siguen eligiéndolos.
Como toda regla tiene su excepción, que me excuse el político decente que lea ésto.
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